Desde el jardín de la casa del cura de Oliveira, dirigiendo tu mirada hacia el mar, verás al fondo una población costera. Es Bayona, un pueblo marinero lleno de atractivos.

Entre las casas y los barcos amarrados en el puerto sobresale una península amurallada. Ahí se encuentra el Parador de Bayona. Es una visita obligada si quieres darte un paseo con unas vistas espectaculares y hacer unas buenas fotos. Tienes dos alternativas y te sugerimos que no renuncies a ninguna. La primera es rodear la península por el paseo que la recorre a lo largo de todo su perímetro casi tocando el mar. La segunda es subir al Parador y dar la vuelta a la muralla.  En la misma península se encuentra el Club de Yates que le aporta a la villa un carácter especial, no solo por las siluetas de los mástiles meciéndose en el mar, sino también por las regatas que llenan a Bayona de vida.

La Virgen de la Roca es la protectora de Bayona y de sus marineros. El monumento fue inaugurado en 1930 tras varios años de obras y eventos de recaudación de fondos en los que se implicó no solo todo el pueblo sino también las localidades de los alrededores e incluso la reina Victoria contribuyó a la causa organizando una obra de teatro. La imagen de granito fue proyectada por el arquitecto Antonio Palacios y el escultor Ángel García Díez dejó su huella en el mármol de las manos y la cara de la virgen. Vale la pena visitar el interior y ascender por una escalera de caracol hasta el barco que la virgen sostiene en sus manos. Las vistas desde ahí son espectaculares.

En el paseo marítimo, frente al puerto deportivo, hay un pantalán que te guiará hasta una embarcación muy especial. Se trata de una réplica de la carabela La Pinta cuyo interior recrea escenas cotidianas de la vida de los marineros que viajaron junto al capitán Martín Alonso Pinzón. El 1 de marzo de 1493 arribaba a Bayona la carabela original. Hoy podemos visitar esta réplica y sus tesoros traídos del nuevo mundo.

Uno de los mayores encantos de Bayona es su casco antiguo, delimitado hacia el mar por el paseo marítimo. Hay que dejarse llevar por sus callejuelas empedradas para sentir el pulso de una villa alegre y especialmente animada durante el verano. La arquitectura del centro histórico destaca por sus casas de granito con galerías blancas y soportales de piedra. Si te apetece ver un excelente ejemplo de reconstrucción respetuosa de un edificio combinando tradición y modernidad, entra en la biblioteca municipal para visitar sus espacios tanto interiores como exteriores y déjate envolver por el ambiente. La casa consistorial también es conocida como Casa de Lorenzo Correa, alcalde de Cuernavaca, México, quien la mandó construir allá por mediados de SXVIII. En la parte alta, encontrarás la iglesia de Santa María de Bayona, con su peculiar aire de fortaleza que data del siglo XIII.

Tanto la gastronomía como el ocio nocturno son atractivos turísticos que no faltan en Bayona. En sus callejuelas encontrarás desde marisquerías hasta tascas de tapas y, para los más animados, son varios los locales en los que se puede tomar una copa tranquilamente o bailar hasta bien entrada la noche.

Todo esto y muchas sorpresas más te esperan en Bayona. Ya sabes, si decides pasar unos días en la Casa del cura de Oliveira, no dejes de visitar esta villa marinera que tiene tanto que ofrecer.